Liposuccion
La liposuccion también denominada como lipectomía de succión o succión de grasa es un procedimiento de cirugia estetica que consiste en la extracción de depósitos de tejido grasoso no deseado de las zonas superficiales del cuerpo, entre las que se incluyen el cuello, las mejillas, el mentón, los brazos, la parte superior de los senos, los glúteos, los muslos, las caderas, el abdomen, los tobillos, las pantorrillas y las rodillas.
En sí, este no es un tratamiento para corregir la obesidad, más bien está destinada solamente a corregir ciertas áreas del cuerpo de las cuales no puede ser eliminado el tejido grasoso por medio de dietas alimenticias y ejercicios. En ocasiones esta técnica se emplea de forma complementaria a otras como la abdominoplastica o el estiramiento facial para mejorar los resultados. Generalmente la liposuccion se realiza empleando anestesia local y sedación, sin embargo en los casos que requieren una intervención más extensa se utiliza anestesia general.
La liposuccion se realiza aspirando la grasa acumulada mediante una pequeña varilla hueca conocida como cánula la cual es introducida en el cuerpo del paciente. La cánula se conecta a una bomba de vacío o a una jeringa especial dependiendo del caso y realiza numerosos túneles al retirar la grasa en la zona que el paciente desea corregir. Al ser una intervención quirúrgica, la liposuccion siempre es realizada en un quirófano.
Después de finalizada la intervención, se coloca una prenda elástica o un vendaje compresivo dependiendo del área operada. El paciente debe estar al tanto que es normal la aparición de inflamación y de moretes en la zona donde se realizó la cirugia. Además deben transcurrir al menos tres meses para evaluar los resultados obtenidos de la operación, con el fin de darle tiempo al cuerpo a que se acomode a los cambios. En caso de que la elasticidad de la piel estuviera disminuida antes del procedimiento se pueden producir pequeñas depresiones e irregularidades las cuales generalmente requieren de correcciones adicionales ya sea mediante inyecciones de grasa o más liposucciones.
Las personas que resultan candidatos ideales para someterse a la liposuccion son aquellas que cuentan con un peso relativamente normal pero que cuentan con acumulaciones de tejido adiposo en ciertas zonas de su cuerpo. Con el fin de obtener resultados idóneos, el paciente debe contar con una piel elástica y firme. Sin embargo, la liposuccion no se recomienda en personas que han sido sometidas a una operación reciente en la zona a tratar o si padecen de problemas cardiorespiratorios o mala circulación sanguínea.
Con respecto a la anestesia, si el procedimiento involucra zonas pequeñas se puede utilizar anestesia local en combinación con sedación. También se puede emplear la anestesia epidural, de forma similar a la que es utilizada cuando las mujeres dan a luz. En el caso de que la operación abarque un área de mayor tamaño se utiliza la anestesia general.
El procedimiento como tal dura generalmente entre una a dos horas, sin embargo puede variar dependiendo del área y la cantidad de grasa a retirar. Comienza cuando el médico realiza una pequeña incisión, de suficiente tamaño para poder introducir la cánula de liposuccion. Esta incisión normalmente es de un cuarto de pulgada suele realizarse en los pliegues o en las zonas donde no será notada. Una vez introducida la canula, es movida por el médico entre los depósitos de grasa localizados bajo la piel, de tal modo que los rompe y los succiona. En algunas ocasiones se necesita realizar más incisiones con el fin de eliminar todos los depósitos de tejido adiposo.
Como toda intervención quirúrgica, esta también tiene riesgos asociados, como por ejemplo daños en la piel o trauma severo, sobre todo cuando la operación se realiza en áreas extensas y múltiples al mismo tiempo, infecciones, formación de cicatrices queloides de fea apariencia y perdida excesiva de líquidos corporales que puede ocasionar la aparición de padecimientos severos.
Después de realizada la liposuccion, el paciente debe seguir una serie de cuidados con el fin de acelerar su recuperación e impedir algún efecto no deseado. Por ejemplo, se pueden colocar tubos de drenaje debajo de la piel por unos dos a tres días con el fin de disminuir la acumulación de fluidos corporales. También se deben administrar antibióticos para reducir el riesgo de una infección. Además se debe emplear un vendaje o faja colocado sobre el área tratada con el fin de controlar el sangrado y la hinchazón y así ayudar a la piel a que se adapte al nuevo contorno. Es necesario llevarlo por al menos dos semanas, de acuerdo a las indicaciones del médico.